jueves, 13 de julio de 2023

Quebrada. Mariana Travacio (Reseña)

 


Conducidos por una prosa precisa y sobria, acompañamos a Lina, una mujer que parte en busca del mar y un hijo perdido, desde un paisaje seco y agrietado en donde la vida se ha hecho imposible, hasta unas tierras húmedas y fértiles en las que todo es excesivo; también la locura de los personajes y fantasmas que las habitan”.

«Me llamo Lina Ramos, soy la esposa de Relicario Cruz. Hace tiempo le vengo diciendo que nos tenemos que ir, pero él no quiere. Se aferra mucho a esta tierra, dice que acá nacimos y que acá tenemos que morir.»

El tiempo, la tierra y los muertos que la habitan son como un imán que nos arraiga al suelo que pisamos, tal vez aquel donde nacimos, tal vez aquel donde queremos morir. Pero esta pretensión a veces choca con la necesidad de mantenerse vivo. Es ahí dónde nace la necesidad forzosa de emigrar que tanto duele, pero también la esperanza de llegar a un mundo mejor.

Lina quiere salir de la Quebrada, se lo dice a Relicario, su marido, que allí no se puede vivir, que quiere ir a donde el mar; pero él prefiere sobrevivir velando a sus muertos sobre el suelo estéril que los vio nacer a todos. A Lina también le tira la ausencia del Tala, su hijo, que partió a la selva a buscarse la vida hace tiempo, junto al hermano de ella. Puede que la necesidad de Lina no sea tanto la necesidad de encontrarlo, como la de encontrase a sí misma y, con ello, las fuerzas para buscarlo después. En la Quebrada no hay nada, solo un puñado de raíces familiares abrasadas por el sol inclemente del olvido.

Lina un día se marcha y, aunque nunca llega al mar, sí encuentra quien la ayude, y encuentra un trabajo que la permite creer que el futuro existe, incluso encuentra a su hijo. Lo que no sabe es que ha cambiado el lugar en el que mandan los muertos, por un lugar donde los vivos de siempre juegan a ser la muerte. Mientras, su marido, solo y abandonado a la ruina del pasado, empieza a pensar que es él quien está equivocado y por fin decide ir tras su mujer, y así se lo dice a sus padres muertos, a los que desentierra y carga como única posesión para el futuro. Al cambiar el rancho familiar por una carreta y un burro, donde llevar a sus muertos, cambia la tierra física por la sentimental, pero es la única manera de que su vida siga teniendo sentido. El círculo siempre se cierra, aunque tantas veces lo haga en falso.

No es tanto la aventura, como percibir la necesidad de salir adelante, lo que hace de Quebrada un relato impresionante, vivo y estremecedor. También influye el lenguaje, que Mariana Travacio maneja con la maestría de una escritora que sabe lo que quiere contar y cómo hacerlo. Es a través  del lenguaje como  encuentra la voz de la novela, logrando que el relato se nos adhiers a la piel con todas sus sensaciones físicas: sentimos el calor, la sed, el cansancio, incluso el dolor por la pérdida y el desarraigo.

Por su intemporalidad y por la desolación de un escenario, que no se nombra, Quebrada podría situarse en cualquier parte: en el páramo, de Juan Rulfo; o en el llano, de Rómulo Gallegos; o, por qué no, en la Artamila imaginada por Ana María Matute; o en las tierras de Celama, de Luis Mateo Díez. Tal vez, por esta razón, vamos a encontrar reminiscencias que van, desde el realismo mágico al realismo social, pasando por el western, sin que ello le suponga al relato perder un ápice de personalidad.

Es esta la primera novela que leo de la escritora argentina Mariana Travacio, y me temo que no va a ser la última. Hay algo que me dice que estas  páginas solo son una pequeña muestra de un universo literario personalísimo, que no podemos dejar escapar.

Mariana Travacio. Quebrada. Las afueras, 2022.

Pedro Turrión Ocaña

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