martes, 30 de diciembre de 2025

Amarilla. Marta Sanz (Reseña)

 

«Todos los poemas me salen amarillos», escribe Marta Sanz en uno de los versos de este libro. Y es que el amarillo es, aquí, un color último, definitivo, de una acidez que se identifica con un nervioso sentido del humor […] Los versos se extienden como un delicado manto sobre el paisaje de lo cotidiano, cruzan las carreteras de una geografía íntima atravesada por la enfermedad, el deseo, la memoria, el final. El cuerpo se convierte en una elegía del paso del tiempo, un encefalograma en el que se registra cada marca, cada afrenta. Amarilla es, por encima de todo, una política de lo íntimo y una intimidad al descubierto, lanzada al mundo.

Me sumerjo en la perfección de copo de nieve de / párrafo / frase / palabra / cristalización.

La imagen potente es la de un copo de nieve que se convierte en verso a través del párrafo, a través de la frase, a través de la palabra, a través de la evidencia científica de la transformación de una gota de agua, que vemos convertida en ese primer cristal del invierno que siempre nos sorprende.

Podría ser otra

    la primera imagen que se convierte en poesía en Amarilla, el nuevo poemario de Marta Sanz, pero son esos versos los que, sin aviso previo, me sorprenden una vez más, tal vez porque su escritura, como afirma Jordi Doce, en El Mundo ‒y en la contraportada del libro‒ «… se deja tironear por el carácter obsesivo de sus imágenes, una ferocidad que la distingue y eleva entre sus contemporáneos».

Amarilla es un mapa de realidades, pero también, es un mapa de soledades.

[…] Las que sufrimos, quizá, más de la cuenta / –concededme el beneficio de esta duda–, / siempre suscitamos / mucha desconfianza.

En la soledad surgen preguntas que no tienen respuesta o la que tienen es ambigua o incompleta. De ahí nace el poema.

Como ya sabemos sus lectores habituales, la poesía de Marta Sanz es corpórea: se adentra en el cuerpo, en el desgaste, en aquello que no se va aunque preferiríamos que se fuera.

El cuerpo no es una abstracción ni un lugar desde el que pensar, es un hecho. Un cuerpo que envejece, que recuerda, que duele, que desea mal, que se equivoca. Marta Sanz no escribe desde la distancia ni desde el desgarro espectacular, sino desde una especie de lucidez incómoda, casi doméstica, con la que no busca conmover al lector, busca no mentir. Marta Sanz escribe desde la consciencia de una fragilidad de «pompa de jabón que se puede romper al menor roce».

El amarillo del título no es un símbolo cerrado, definitivo. A ratos parece luz sucia, a ratos aviso, a ratos una señal que el cuerpo emite cuando algo no funciona del todo bien. No hay en el poemario celebración explícita del color, ni voluntad metafórica expansiva: el amarillo aparece como aparece la duda o el cansancio, sin pedir permiso, y de repente se convierte en una capa que lo impregna todo. En cambio, sí hay en él algo contable, como si cada poema fuera un breve apunte de lo que queda o de lo que se pierde o de lo que ya no rinde como antes. No hay épica del deterioro, sino registro fiel de su consecuencia, y es en ese registro donde aparece una forma de honestidad que no tranquiliza.

[…] El amarillo del árbol / era la expresión / más pura / del color de silvestre campanilla. // De la enfermedad hepática...

Marta Sanz convierte el lenguaje en un instrumento preciso, a veces seco, a veces irónico, siempre atento a no embellecer lo que no merece ser bello. A pesar de lo que muchos piensan, el lenguaje en la poesía no es solo un artificio y a veces se convierte en altavoz, pero también en megáfono afónico, cuyo mensaje se pierde entre una multitud ruidosa de oídos que no quieren oír, y sin embargo sigue, no se calla.

Hay mucho de conciencia y bastante de impotencia en estas páginas.

[…] Y tú no sabes / si toda esta desgracia minimiza la tuya, / te hace más fuerte, / te produce vergüenza / agranda la dimensión / de una herida imaginaria / que, poco a poco, / se abulta / segrega infecciones / se perfila / contra / tu cuerpo / no / exactamente / tumefacto.

Amarilla no es un libro al uso para “disfrutar” de la poesía, más bien es un libro que acompaña cuando ya hemos entendido que el cuerpo no promete nada, que la memoria falla, que el deseo no siempre salva. Y aun así —o precisamente por eso— hay una vitalidad obstinada en él, una voluntad de seguir nombrando lo que ocurre mientras ocurre.

[…] Yo hablo del calor / exacto de la estufa...

Como en toda la poesía de Marta Sanz, tras el último verso de Amarilla no hay un punto final, sino un enorme espacio en blanco en el que, tras cada lectura, irán apareciendo multitud de líneas torcidas, esas que adelantan el destino de cada una de nuestras vidas, la voluntad de cada una de nuestras decisiones, pero también la sombra de todo aquello que dejamos y vamos olvidando.

[…] Nada es después / todo es aquí.

Amarilla. Marta Sanz. La Bella Varsovia, 2025.

jueves, 11 de diciembre de 2025

La encrucijada de Paula. Nora Cristina García (Reseña)

 

Paula, la protagonista de esta novela, es una joven estudiante de Derecho, que se gana la vida como ayudante en una clínica veterinaria del Gran Buenos Aires, durante la aguda crisis argentina del año 2001. En medio del pánico y de la sacudida social que supone el corralito, ella y su jefa soportarán todo tipo de acosos y amenazas para forzarlas a abandonar el negocio. Por si eso fuera poco, cuando creen que nada puede ir a peor, se verán salpicadas en una muerte que dispara las fantasías del vecindario con las hipótesis más descabelladas. Mientras tanto, los animales, pacientes del centro, no son ajenos a las tensiones que sufren sus dueños y experimentan extraños cambios de conducta.


Cualquier tragedia es digna de ser narrada desde diferentes planos, incluso –¿por qué no?– desde los más arriesgados, como convertir lo grande en pequeño sin por ello banalizarlo, para intentar ver el suceso en su máxima extensión a través de la presunta insignificancia del individuo corriente, es decir, mirarlo desde la generalidad.

¿Podemos decir, entonces, que La encrucijada de Paula cuenta una historia insignificante?

Nada más lejos de la realidad.

La novela relata la historia de Paula, una estudiante de Derecho que aún vive en la casa familiar junto a su madre y su hermana, a partir del momento en que comienza a trabajar en una clínica veterinaria, y que coincide en el tiempo con el desastre que sacudió Argentina en el año 2001. De un modo u otro, todos hemos oído hablar de los sucesos de ese año –la crisis económica, el corralito–, pero casi siempre desde lo político, lo económico, la rabia o la discusión, versiones, todas ellas, que tarde o temprano se convierten en una buena razón para apagar el noticiario o dejar el libro en el estante más alto de la biblioteca del salón.

Nora Cristina García, sin embargo, ha querido ofrecernos su visión desde un punto de vista mucho más humano que, aunque tiene el humor como trasfondo, es capaz de hacernos sentir el miedo y la inestabilidad del momento, pero también el aguante y la necesidad de seguir trabajando aunque todo alrededor parezca desmoronarse. Su secreto está en servirnos la tragedia en tragos cortos, desde la mirada particular de las personas –subrayo el término personas– que conviven alrededor de la clínica veterinaria en la que Paula pasa ahora la mayor parte de su tiempo.

García convierte el entorno de la clínica en la metáfora perfecta de la ciudad de Buenos Aires, situando entre sus paredes el epicentro de un microcosmos del que participan  muchos de los actores de la crisis: trabajadores, pequeños comerciantes, ahorradores, jubilados, amas de casa, inmigrantes… Hay amenazas, presiones para que abandonen el local, vecinos asustados, rumores que se mezclan con verdades a medias, y hasta una muerte en extrañas circunstancias que altera todavía más el ambiente. En medio de todo este desastre, los animales que pasan por la clínica, acompañando a sus dueños, se convierten en espejos silenciosos de lo que la gente vive.

Uno de los mayores logros de la novela es precisamente mostrarnos cómo las crisis no solo afectan a las personas, sino también a los seres más vulnerables que dependen de ellas.

A pesar de la oscuridad del contexto, el libro –como he mencionado anteriormente– tiene momentos de humor y ternura que suavizan la tensión. Paula no es una heroína extraordinaria, y por eso mismo el lector conecta rápido con ella: estudia, trabaja, tiene miedo, se equivoca, se anima, se cae y vuelve a levantarse. Es fácil sentir que uno la conoce, o que se parece a alguien que vemos a diario en la cola del supermercado o esperando el autobús cuando aún queda un rato para que salga el sol.

Tal vez lo que más destaca, a medida que avanzan los capítulos, es la manera en que Nora García disecciona la dureza del momento a través de una mirada sensible y cálida, pero nunca sensiblera. La realidad de la crisis no desaparece por ello: está ahí, inevitable y dolorosa, pero junto a ella también están la solidaridad, la compañía y esos pequeños gestos que permiten, a pesar de todo, querer que la vida siga.

La encrucijada de Paula es una novela sobre todas esas personas comunes –que somos la mayoría– que no dudan en enfrentarse a los retos que surgen en tiempos extraordinarios, o que no les queda otro remedio que hacerlo. Con una prosa fluida y cercana, Nora García nos muestra de manera eficaz una forma original de afrontar una crisis, fijando el foco en aquello que nos sostiene, que nos mantiene de pie, y poniendo en valor la importancia de los espacios pequeños —una clínica, un trabajo, una amistad, un animal, la familia— cuando lo grande –lo que sale en los telediarios, lo que guardan los libros de historia– falla.

«A nosotras nos enferman hasta las buenas noticias».

Una crisis concreta como metonimia de "La Crisis", una realidad contagiosa que, me da la impresión, ha decidido quedarse un rato más. Puede que lo importante sea aprender a no resignarse.

«Es una suerte trabajar con animales: son los únicos que no se quejan de la crisis».

Nora Cristina García. La encrucijada de Paula. Velasco Ediciones, 2025.




domingo, 7 de diciembre de 2025

Anidan minerales. Julia Viejo (Reseña)

Vivimos una época en que la poesía alcanza cotas altamente productivas, no sé si, del mismo modo, cotas de calidad (o sí lo sé). Por esta razón, cuando escucho en un programa de radio1 nada proclive a la banalización, por cierto, que un primer poemario ha sido galardonado con un premio tan prestigioso, como el Ciudad de Estepona de Poesía, y que además el libro lo publica Pre-Textos, no puedo hacer otra cosa que correr a la librería. No solo me hice con el libro, sino que tuve el privilegio de escuchar la voz de la autora “desmontando” la poesía (como hace habitualmente Mariano Peyrou, en el mismo programa), acompañada de otras dos voces no menos autorizadas, las de los poetas Carlos Pardo (La comedia de la carne, La Bella Varsovia) y Berta García Faet (Corazonada, La Bella Varsovia).

Me refiero al poemario, Anidan minerales, de Julia Viejo.

Tengo que escribir mi primer poema / tratará de espejos, alubias y centellas / después me iré a la cama sabiendo que he rendido / y pasarán los años / coseré mis botones / no haré mucho ruido / con mi primer poema sobre manos y zorros / mi primer poema sobre velocidades / mi primer poema sobre una chaquetita / de moraleja gruesa y moriré / más tarde con mi obra entre los brazos / y nada habrá cambiado quedará / calor bajo las mangas / y tierra removida / a la sombra del árbol del Esopo.

Concibo la poesía como una exploración personal donde lo íntimo convive con lo universal, lo cotidiano con lo fantástico y lo efímero con la eternidad. Este poema que abre el poemario, titulado “Teo escribe su primer poema”, es ya, en sí mismo, un universo en miniatura que le abre la puerta a los grandes temas, como la creación artística, el paso del tiempo o la vida y la muerte, pero sin extraviarse en grandilocuencias superfluas, totalmente innecesarias.

Y no hemos hecho más que empezar.

A lo largo del libro, Julia Viejo construye una poética que parte de lo minúsculo para proyectarlo hacia un paisaje amplio. La tensión entre lo pequeño y lo vasto sostiene todo el libro: mientras los poemas evocan cristales, rocas y capas de tiempo remoto, la voz poética se posa sobre gestos cotidianos, emociones fugaces o vínculos que apenas dejan rastro. En ese contraste se articula una idea fundamental: que solo la poesía es capaz de sostener dos planos que parecen incompatibles, y que incluso aquello que consideramos breve o efímero puede tener un peso mineral y perdurable.

[…] Discutimos poemas de Virgilio / gastamos / cupones de comida / recolectamos / sellos y jabones / y a mi lado en el metro un hombre lee / (milagro) / la Wikipedia del albaricoque.

El título no es sólo una metáfora imposible. A medida que vamos avanzando en la lectura, entendemos que los “minerales” son la imagen de un depósito invisible que se va llenando con la vida. Frente a la velocidad contemporánea, los poemas buscan el ritmo lento de la sedimentación, a través de un crecer silencioso e imparable, de una acumulación subterránea que se parece mucho a la memoria.

[…] Había un amor de siglos anteriores / en las betas de las rocas…

Esta mirada temporal atraviesa todas las páginas del libro. En ellas, cada poema es como un estrato, un punto de sedimentación donde germinan una emoción, un recuerdo, un destello o una posibilidad.

Uno de los rasgos más identitarios del poemario es su libertad expresiva y formal. Julia Viejo se aleja de la linealidad del relato convencional y apuesta por una poesía que se mueve en un constructo de imágenes que funcionan como fragmentos de un collage, a través de un lenguaje que combina lo concreto con lo fantástico y envuelve los poemas con un ritmo casi musical. Es como si hubiera invertido su manera de entender la prosa, que ya conocemos de sus libros anteriores, tan cercana, a veces, a la poesía.

Otro rasgo potente de Anidan minerales es una fabulación discreta en la que comparten espacio animales simbólicos con elementos naturales; a veces son objetos mínimos que de pronto se cargan de significado. Lo real se desdobla y se desborda en multitud de posibilidades, como si el poema fuera capaz de abrir una grieta por la que intuir una nueva manera de entender el mundo.

Con los dedos pequeños / desmigamos el pan de antes de ayer / ya no sirve para nada / pasamos por el mundo / y el mundo ha caducado...

Sin embargo, pese a esta dimensión simbólica, el libro nunca se aleja del lector. Muchos poemas dejan ver un humor leve, un modo lúdico de transitar la existencia que no es incompatible con la reflexión profunda. Julia Viejo capta esa sensibilidad imprescindible en nuestra época: la necesidad de ofrecer imágenes más que afirmaciones rotundas, intuiciones antes que certezas incontestables. Sus poemas son observaciones limpias sobre la fragilidad, el afecto, la identidad y esa forma peculiar en que lo cotidiano, con un mínimo de esfuerzo por parte del lector, puede volverse extraordinario.

[…] y yo: bueno, en fin, pido disculpas / por no saber ninguna de las cosas / que me preguntáis hoy / ¿acaso yo / pregunto alguna vez / por qué soy invitada a vuestras fiestas?

Leído en su conjunto, Anidan minerales no es un libro que se consuma a la primera, pese a su brevedad. Más bien crece, cambia, se expande con cada nueva lectura, del mismo modo que un mineral se va formando desde dentro poco a poco. Las imágenes, que al principio parecen dispersas, comienzan a iluminarse unas a otras a medida que sus páginas se nos van haciendo familiares.

Anidan minerales es una apuesta sólida por una poesía viva, que combina imaginación, ternura, reflexión y una mirada extremadamente personal hacia lo pequeño. Un libro que nos invita a pensar en cómo habitamos el tiempo y cómo lo sedimentamos; en cómo nuestras dudas, recuerdos y pequeñas alegrías forman también la geología íntima que nos sostiene en el transcurrir del tiempo.

La fantasía / un interminable / y pícaro / inventario de nucas.

Julia Viejo. Anidan minerales. Pre-Textos, 2025.

Poemario ganador del V Premio Internacional de Poesía Ciudad de Estepona

1La estación azul. Radio Nacional de España. Programa emitido el 18/10/2025, disponible en: 

https://www.rtve.es/play/audios/la-estacion-azul/anidan-minerales-julia-viejo-18-10-25/16776438/

Último artículo

Los años decisivos. José Mateos (Reseña)